Me encuentro de pronto en este espacio
que alguna vez compartí contigo,
que alguna vez fue nuestro,
más que nosotros mismos.
Transcurre todo ante mí,
el tiempo e imágenes de nuestro amor,
con esa sensación de ser granos,
sencillamente granos de arena que el tiempo se ha llevado.
Lo que fuimos, lo que queríamos ser
y lo que nunca llegamos a ser,
se conjugan en este lugar tan sagrado antes,
como macabro ahora.
Hoy estoy en la misma compañía, pero tú no estás,
no te encuentras físicamente,
sin embargo, tu fantasma me acompaña
en una presencia constante que seduce y lastima.
Tengo tu espejo conmigo y me invade la sensación terrible
de que te busco desesperadamente,
el espejo me devuelve un reflejo parecido a ti,
una imagen, un espejismo,
tanto que de pronto, siento que el espejo eres tú,
pero no lo es y no estás,
mientras yo estoy inmersa en esta profunda soledad,
sigo encontrándote mucho mejor que tu reflejo.
Es una maldición esta constante comparación
y este desgraciado dolor que no se borran con el tiempo.
Me pregunto dónde estás ahora,
qué te rodea, si no es este amor inmenso,
permanente e inextinguible,
cuándo te escapaste de aquí y de lo poco que te entregué,
que no era nada, sino todo;
me aterra, me duele y me lastima,
ese ser extraño y dañino en que te has convertido
y me pregunto, si hubiera podido salvarte actuando diferente.
Te confieso que a veces no me perdono mi falta de pericia para retenerte,
el poco o mucho tacto que tuve para amarte tanto,
algunas veces quisiera ser tu salvavidas,
algo que te llenara ese vacío en que se han convertido tus ojos,
esa nada en tu mirada.
Me ofrezco para rescatarte de tanta oscuridad,
para que te levantes y camines,
aunque lo hagas en dirección contraria a mí,
sólo por la alegría de verte andar.
Tú sabes que estoy aunque no te lo diga,
y yo sé que estás, aunque lo niegues mil veces,
hay un silencio inconmensurable en esta distancia.
Eso es todo lo que queda: silencio y tensa calma,
esta paciencia que no se acaba,
los lugares comunes llenos de ti,
un alma de la que no escapas,
el vacío de un pecho que ya no te abraza,
esa insistencia idiota de quien en verdad ama.
LYCETTE SCOTT