4 de agosto de 2015

Me gustas

¡Me gustas!
Porque tu nombre es una escalera incierta llena de incógnitas amarillas,
porque no se llama tristeza a la luz instalada en tu mirada,
porque no hay aliento de lágrima en tus párpados salados.
Así como la flor ama a su rocío,
y el mar desnuda al sol en el amanecer.
Así como todas las cosas simples que suceden porque sí,
...simplemente, me gustas.
Yo no llamo por tu nombre al sueño de mi mañana oscura,
ni repliego las armas por temor a perder la guerra,
hay un amor que lucha, hay un amor vencido,
y hay un amor que aunque trates de asesinarlo, perdura.
¡Me gustas!
Cuando la cal baña la piel de tu rostro que se disfraza de melancolía,
cuando tu cuerpo sangra desde una navaja herida que lleva mi nombre,
cuando eres valiente para hacer girar al mundo
y cuando te finges débil para hacerme creer que me necesitas.
Nunca supe de qué se alimentaba tu silencio,
cuánta intranquilidad había en tu mirada paciente,
nunca sabré si tus besos son los mismos míos,
o si tus sueños me inscriben en tu futuro.
Soy infinitamente ignorante de tus secretos,
eres el misterio ambulante de un huracán que arrastra la arena de mi desierto.
¡Me gustas!
Aunque tu intranquilidad se instalara en mi alma,
porque no hay límites para el amor que llena de desespero,
porque impacientas mi calma, porque te vistes de deseo.
No podría la luna ser una dama, pero tú eres una constelación entera.
Te vistes de rosas nacaradas, de aliento sostenido,
brindas la manzana del pecado y redimes en tu perdón,
amaneces en el viento y el goteo de mis profundos silencios.
¡Me gustas!
Porque eres el principio de un mundo que acaba cada vez que te pierdo.

Lycette

31 de mayo de 2015

¡Adiós gordito! Una carta para mi perro


Llegaste a la casa después de largas discusiones: yo quería un perro, mi mamá insistía en que sólo aceptaría a una chihuahua, yo le decía que esos perritos me parecían feos y ella  insistía en que después de tener uno de esa raza me enamoraría. 

Se acercaba mi cumpleaños número 18 y llegué a la tienda a preguntar si tenían chihuahuas hembritas, el chamo de la tienda me dijo que no, pero que tenía una camada y que si los quería ver, abrió esa jaula maravillosa de la que salieron ustedes. Tus hermanitos se dispersaron, pero tú caminaste hacia a mi decidido y te me echaste en los pies, yo te cargué, tú me lamiste la nariz impregnándome con tu aliento de cachorro y lloraste mientras te metías en mi cuello. Mi mamá quería una hembra, y yo sentencié: "ay mami míralo, está llorando para que me lo lleve a la casa" y mi mamá no pudo decir que no. Esa frase fue motivo de chistes durante años, porque nunca dejaste de ser llorón. Ese día comenzó nuestra historia. 

Naciste en San Cristóbal, así que a veces te échabamos broma y te decíamos que seguro eras un colombiano reencauchado. Llegaste a la casa como una pulga flaquita y mal cuidada, pero te bañamos y te pusimos bonito. Tuviste varios nombres que no te convencieron, hasta que te dijimos "Romeo" y prestaste atención, hasta el nombre terminaste escogiéndolo tú. 

Los primeros días, mi mamá giró instrucciones expresas: el perro no duerme en la cama y mientras se acostumbra a orinar en el periódico, se queda en su casita en el baño. Pero tú llorabas y a mi me daba dolor, además a las horas ya te quería como si tuviéramos toda la vida juntos. Entonces yo esperaba a que mi mamá se durmiera, te buscaba y te montaba en mi cama, te acurrucabas en mi cuello y yo, casi como las mujeres recién paridas, me paraba cada dos horas a llevarte al periódico para que no te orinaras la cama, porque ahí nos hubiesen descubierto. Yo me sentaba como un zombie en la poceta, mientras tú hacías cualquier cosa menos pipí, y yo te insistía "vamos a hacer pipí en el periódico", hasta que te convencías y podíamos volver a dormir. Esa lucha duró como un mes, luego de eso, ya eras el dueño y señor de las camas y nuestros corazones. 

Yo soy hija única y para ese entonces era más que tímida, pero tú y yo nos hicimos panas rapidito, te metía en un morral y te cargaba de zarcillo, al poco tiempo ya ibas conmigo a la universidad casi todos los viernes, corrías por la grama y te quedabas tranquilito en clase. Pronto te ganaste el afecto de todos y aquella profesora bonachona pasaba lista y preguntaba por tí, si no estabas presente, preguntaba qué había pasado. Te llegó a tener tanto afecto, que fuiste el invitado especial de la parrilla de fin de año, y corriste libre por el aeropuerto de La Carlota, también comiste carne hasta que te cansaste ese día. 

Una amiga tenía un jardín con rosales y para tí eso era como un estadio de fútbol, cada vez que te llevaba a su casa corrías con una alegría y agilidad inusitadas, con tus 20cm de tamaño, brincabas por encima de las flores, te revolcabas en la grama. ¡Eras un adolescente feliz! Mi mamá te enseñaba con amor y te ponía reglas, mientras yo te malcriaba en demasía, pero aprendiste a respetarme. Conocías mi silbido y el sonido de mis palmas, y yo sabía que podía dejarte correr sin correa porque a cualquiera de esos dos sonidos volverías de inmediato. 

Eras un cazador en miniatura, más de un tuqueque te comiste, mi mamá descubrió que te gustaban las mariposas y te mal acostumbró, si alguna estaba en el techo, tú se la pedías y ella la atrapaba para tí. A veces por maldad te decía "Mira la mariposa" y tú te quedabas mirando con carita de engañado. A mi nadie me dijo que el chocolate era dañino para los perros y cuanto chocolate comía lo compartí contigo ¿te acuerdas mi amor cómo me ponía el pirulín en la boca y cada uno comía por un extremo? yo me acuerdo de tu carita cuando esa palabra se pronunciaba en la casa ¡te volvías loco!

Eras un perro inteligente como pocos, pero nunca quisiste dar la pata. Sin embargo, te gustaba que te cargara y te bailara al ritmo de un merengue en la sala. Aprendiste a hacerte el dormido cuando mi mamá te cargaba como un bebé y te decía "duérmete mi bebé". Aprendiste a contar y si yo te decía, dame tres besos, esa era exactamente la cantidad de lamidas que recibía. Fuiste tan inteligente que en el último año entendiste que si te daba incontinencia en la noche, podías orinar en el centro de cama. Hasta aprendiste a fingirte paralítico si te regañábamos, por esas cosas hubo quien decía que seguramente leías el periódico antes de orinarte en él.

Mi abuela y tú fueron un asunto particular: A ella no le gustaban los perros, pero le encantabas tú, a tí te caía muy bien todo el mundo, menos ella. Entonces ella te chantajeaba con queso y otras cosas, tú te montabas en su cama, le comías la comida y te bajabas. Pero fuiste tan especial, que cuando ella se murió, tú te montaste en su cama y comenzaste a aullar, cinco minutos después recibimos la llamada de la clínica. En la familia tenías muchos detractores, pero conquistaste corazones cuando te vieron secándole las lágrimas a mi mamá. 

Cuando tuviste tu encuentro amoroso con la mamá de Julieta, yo estaba en Morrocoy, mi mamá te dejó en esa casa una noche y apenas te buscó, te bañó. Tú te enfureciste con ella y no la querías tratar, decía mi abuela que era porque te habían quitado el gustico. De aquel encuentro nos regalaste a esa miniatura malhumorada y dulce que eres tú, pero más joven y más pequeña. 

Siempre fuiste pícaro y ladrón, cuando mi mamá llegaba del trabajo ponía la cartera en la cama y tú te metías completico adentro, si ella te dejaba le sacabas todo lo que estuviera ahí, aunque fuera más grande que tú. Y si nos traía chocolate eras el primero en darte cuenta. Eras tan ladrón que te metías en bolsos, gavetas, closets, donde fuera. Nunca olvidaré como el día antes de mi viaje de graduación te robaste mi cartera y yo pasé desesperada un par de horas, pensando que me había quedado sin cédula y sin tarjetas, hasta que miré en tu casa y ahí estaba. Por esas cosas mi abuela decía que eras un hampón. Chico ¿y cómo no considerarte ladrón si una vez con una agilidad increíble le robaste a un tío una chuleta de chivo de la parrilla que tenía montada? En ese mismo viaje, un perro grande se le acercó a Julieta y tú te metiste en el medio, echándola para atrás, como calmándola y también para defenderla. 

Eras un tipo pana y amigable, no ladrabas ni para defender tus juguetes, siempre estabas de buenas, hasta que te pusiste viejo. Mis amigos decían que seguramente eras marihuanero, todo el mundo te quería por simpaticón y salido, pero cuando me operaron el brazo te pasaste un montón de días en mi cama sin muchas ganas de que nadie se acercara a ella. Estudiamos derecho juntos ¿te acuerdas? te echabas al ladito mío con el ocico en mis guías, mientras yo me desvelaba, y cuando pasaba mucho tiempo sin prestarte atención, me mordías el resaltador y yo te decía que me ibas a hacer rayar la materia. Cuando estaba por graduarme, no faltó el compañero que dijo que teníamos que mandarte a hacer tu toga y birrete, porque tú también eras abogado. 

Tenías una obsesión con mi pijama y mi ropa sucia, lo que yo me quitara, era para ti una cama lista para ser ocupada. Y tenía yo que pelear contigo: gordo dame el lado de la cama, gordo dame la almohada, gordo dame la pijama, gordo quítate de la camisa que la tengo que meter en la ropa sucia. Perdóname la sinceridad, pero también eras un acosador ¿sabes? te juro que nunca pensé escaparme por el inodoro de la ducha, no había necesidad de que me montaras guardia en la alfombra, ni de que me asomaras la cabeza a ver si seguía ahí. Me perseguías como una sombra, y en las noches yo te hablaba y tú me mirabas. Yo te fastidiaba, te mordía, jugaba contigo a tu nivel, nunca necesitamos de palabras y relaciones de poder, nosotros éramos un par de compinches que nos amábamos y respetábamos mutuamente. Nos entendíamos, si hacías algo mal yo te miraba y ya tú sabías, si me pasaba algo tú me acompañabas. Desarrollamos una sincronía tal que dormíamos en la misma posición y siempre con nuestros cuerpos juntos ¡eras mi costillita pues!

Tenías una paciencia envidiable, siempre te portabas bien cuando salías comigo, las veces que te llevé a la playa te revolcabas en la arena y te encantaba meterte al mar conmigo, jugábamos a saltar las olas y tú cuando ellas venían cerrabas los ojitos, pero cuando se iban me lamías. Yo creía que te asustabas y te dejaba afuera, pero entonces llorabas para que te metiera. Cuando Julieta crecía, te fastidiaba y te fastidiaba, incansablemente, te robaba los espacios, los juguetes, te regañaba ¡y tú tranquilazo como si fueras un Buda! Creo que la llegada de Otelo fue un alivio para tí, porque entre ellos se entendían y tú comenzaste a verlos desde la distancia, como diciendo: al fin puedo envejecer en paz. 

Con los años, te pusiste antipático con mi mamá. Y lo que son las paradojas de la vida papi, ella fue quien te acompañó hasta el final, y tú de antipático le torcías los ojos, le tirabas a morder cuando dormíamos juntos y ella te quería sacar de la cama. Y yo tanto que te pedí que te portaras bien, que me la cuidaras, pero como todo viejo te fuiste poniendo mañoso y caprichoso ¡siempre hiciste lo que te dio la gana! Ella te hacía morisquetas y tú te molestabas, todavía me río pensando en eso ¿es que acaso sabías que las morisquetas eran una forma de burla? Ella te ofrecía café porque sabía que no te gustaba, pero eso sí, el día que se partió una de sus botellas de whisky saliste desesperado a lamerla del piso. Tan maluco que te pusiste con ella que te enseñó a llevar cosas de un lado para otro -como cuando nos mandábamos cajas de cigarros del cuarto a la sala-, que te llevaba al periódico los sábados por la mañana para que no me despertaras y yo me pusiera de mal humor, ella que te decía "anda a despertar a la Lyce". Ella que te cuidó tanto, por tí y por mi. 

El día que me fui del país te despediste de mí con aullidos, no hubo manera de que la misma frase de siempre, ese "vete para tu casa que me voy a trabajar" te convenciera de quedarte quieto, llorabas y te me pegabas, te negabas a dejarme ir, como quien sabe que ese era un viaje largo. Cuando volví de vacaciones, la última vez que te ví, te metiste a registrarme la maleta mientras lloriqueabas, hoy estaba viendo ese video y me daba tanto sentimiento. En ese viaje, fuiste más pegostico que nunca, ya no podía ni dejarte en la cama para ir al baño porque te desesperabas. Yo salí del país hace dos años, pero no pasé un sólo día sin recordarte, ni una sola noche sin extrañarte antes de ir a dormir.

En fin, fuiste el mejor amigo que he tenido en mi vida, nos acoplamos en una dinámica que era solo nuestra, fuimos panas, compinches, fuiste mi confidente, mi compañero, me cuidaste, nos hiciste reír, nos hiciste molestar ¡Como tú no hay dos negrito lindo! Como tú no hay dos. Llegaste como un terremotico, ágil y tremendo, pero increíblemente dócil y leal, te fui viendo ponerte blanco con los años, perder facultades, cuando dejaste de bajar las escaleras solito, volvimos a los primeros años, sólo que esta vez, tú llorabas a media noche y a mi me tocaba bajarte hasta el periódico, yo me dormía en la escalera, mientras tú pacientemente hacías todo menos pipí, hasta que yo me molestaba y ahí sí orinabas rapidito ¡siempre fuiste una cosa seria! ¡mi cosa seria!

Esta debe ser la carta más larga que yo le haya escrito a alguien en mi vida, pero te mereces mucho más que eso. Fueron 13 años viejito, eso es casi la mitad de mi vida, pasarán los años y siempre te recordaré como el tipo más pana que haya conocido y sobre todo, como el perro más leal que haya tenido. Descansa en paz, disfruta el cielo de los perros, come lo que quieras y haz lo que te provoque, porque te lo mereces. Espérame gordito, que cuando me llegue la hora te voy a silbar como antes y nos reuniremos de nuevo. De mi cumpleaños 18 a mi cumpleaños 31, te doy las gracias por cada segundo que me regalaste. Mi mamá, Otelo, Julieta y yo te queremos. 

Y no te olvides papito que "uno es responsable para siempre de aquello que ha domesticado". Tú de mí y yo de tí, y aunque la gente piense otra cosa, aquí la domesticada soy yo. 

¡Te amaré siempre!

Tu humana, 
La Lyce


11 de mayo de 2015

Es esto

Es esto,
amar hasta la noche que se instaló en tu mirada cuando oscureció,
ser un insecto invisible que cuenta con pasos la distancia que lleva de tu pubis a tu cuello,
morder tu muslo generoso, enredadera que envuelve mi espalda en el lecho,
acostarme en tu palma y besar las líneas de tu destino maltrecho,
llamarte en la ignorancia de tu espalda que desconoce este momento,
bañarme en la miel de tus ojos que endulzan como el mejor caramelo,
morirme en la sed de mi cama que te quiere esconder en este silencio,
penetrar tus cavernas, empaparme de tu humedad sempiterna,
besar el destello de luz que emana de tu ombligo diminuto, quemando como el hielo,
reflejarme desnuda en tu sonrisa de nácar, collar de piedras perladas,
morirme en la hendidura que atraviesa tu espalda y recorre mi deseo,
acariciar tu boca que se abre lentamente como una flor, cuando se entrega al beso,
retozar en tu cuerpo moribundo que va en retroceso para que la primavera muera, dejando paso al invierno,
deslastrarme de las armas que encierra tu pelo, la red que se cierne en mi alma, hebra a hebra,
colorearme un arcoiris en el momento de caer por tus cejas,
retozar en tu viente que dará a luz el estupor de una sensualidad insatisfecha,
ahogar tu gemido en el mar salado que habrá de parir tu orgasmo cuando menos lo esperas.
Algo más, fallecer ante el cementerio de tu corazón silencioso, al que no alcanza el lenguaje de mis señas.

Lycette Scott

24 de abril de 2015

Liebster Awards: ¡Todos somos ganadores!


Del Calor al Frío tuvo el lindo gesto de nominarme a los Liebster Awards, hace años que no sabía lo que era eso de los Blogs Awards que en algún momento fueron muy divertidos y hasta pseudo-famosos. Les confieso que me emocionó recibir el mensaje diciéndome que me habían nominado y sonreí un ratico, así que gracias muchachos 

Sin mayores parsimonias, paso a materia para contarles de qué va esto. Las normas son las siguientes:

  • Agradecer la nominación
  • Colocar el sticker del premio en mi blog 
  • Nominar blogs que se merezcan este premio y avisarles que han sido nominados.
  • Hacerles 11 nuevas preguntas.
  • Responder las 11 preguntas que me dejaron Karla y Fer en su nominación: Aquí vamos...
  1. ¿Cuál ha sido tu artículo más difícil de escribir? Es una pregunta bastante difícil considerando que mi blog cumplió recientemente diez años ¡wow! de no ser por este post no me doy cuenta. En una década es mucho lo que se escribe y lo que se madura (mejor no me lean mucho hacia al pasado), pero si tuviera que escoger uno de épocas recientes, sin duda alguna sería A un año de mi partida. Me costó tanto que lo tuve durante un mes dándome vueltas en la cabeza ¿qué decir? ¿qué omitir? ¿cómo hacerlo amigable? Al final salió un pergamino con el que me sentí bastante satisfecha. 
  2. ¿Dónde encuentras inspiración? En la cotidianidad, puede ser que algún día me anime a escribir un poema y lo publico, pero en general son cosas del día a día, experiencias y vivencias. En los últimos años, me he inspirado más en cosas que me hacen reflexionar y que escribo para sacar de mi sistema.
  3. Una lección que hayas aprendido con tu blog: Escribir es una forma de relacionarse.
  4. El tema que más te apasiona: No puedo escribir uno solo, diría que la política, pero no escribo solo de eso, así como no escribo solo de amor, por ejemplo. Me tranzo con la experiencia de vivir. 
  5. Una cualidad que todo blogger debe tener: Escribir con cariño. Creo que un buen bloguero no es el que escribe a diario para mantener un alto número de visitas, sino aquel que lo hace con cariño. El post bien pensado y bien sentido, se conecta más con la gente, y aunque quizás haya un número menor de lectores, se propicia el debate, el feedback, la conexión. Puede ser que de menos frutos en términos numéricos, pero también pueden ser mejores en su sabrosura. 
  6. ¿Algún artículo que nunca publicaste? Varios, a veces tienes una idea en mente y entre una cosa y otra nunca la escribes, otras veces hay algo que quieres "exorcizar" y luego decides quedarte callado.
  7. Una manía para bloguear: Mi cama y una ventana. Tengo esa manía, suelo escribir mis posts en la cama, usualmente de madrugada o justo al levantarme, si el tema es complejo, escribo un par de frases y miro por la ventana, medito y sigo. 
  8. Si pudieras escribir otro blog ¿cuál temática tendría? Probablemente sería un blog con temas más serios y bien organizado, no esta especie de diario que voy llevando. Me gustaría hablar del medio ambiente, sustentabilidad, lugares para conocer y deportes al aire libre. 
  9. ¿A quién invitarías a escribir en tu blog? A Naky por su tino para escribir relatos y a Oswaldo por su suavidad. 
  10. La característica que hace único a tu blog: No soy muy buena en eso de echarme flores, pero diría que es escribir lo que siento. En un par de ocasiones alguien me ha dicho que le hecho llorar y, aunque no sea algo bueno, me hace sentir que al menos transmito algo. 
  11. Algo que te gustaría mejorar o agregar en tu blog: Me gustaría volver a escribir semanalmente, de una forma más estructurada y menos subjetiva, pero uno siempre deja todo para después y nunca parece haber suficiente tiempo. Creo que con los años he mejorado, pero me falta técnica. 


Mis nominados son:
Yo les pregunto:
  1. ¿Cómo nació tu blog?
  2. ¿Por qué escribir?
  3. ¿Qué representa el blog para tí?
  4. ¿Hay algo que tu blog te haya dejado fuera del mundo 2.0?
  5. ¿Sientes que tu blog ha evolucionado contigo?
  6. ¿Tienes alguna especie de ritual para escribir?
  7. ¿Escribes para que te lean o escribes para tí mism@?
  8. ¿Sientes que tu blog tiene influencia para promover que la gente reflexione algunos asuntos?
  9. ¿Dónde crees que radica el éxito de un blog?
  10. Mirando hacia atrás ¿cambiarías algo de lo escrito?
  11. ¿Hay algún tema que tengas pendiente para escribir?

24 de marzo de 2015

Colores

El Caribe y sus colores, Venezuela y sus paletas, Caracas y sus tonalidades. ¿Una manera extraña de empezar un post? un asunto difícil de describir. Hace un tiempo comentaba acerca de los colores de Caracas y un conocido lo vio con malos ojos, porque asumió que yo le hacía promoción a la ciudad como si de un paraíso se tratara, quizás él pensaba que yo estaba haciendo una publicidad engañosa por no hablar en esa oportunidad del "infierno" que es la ciudad.

Vamos al grano, Caracas es ... Caracas. Todos le conocemos sus males y si uno ha salido del país es precisamente porque se los conoce a fondo, pero ¿nos impide eso recordar que también hay cosas buenas? Yo no creo que la vida venga en blanco y negro, todo tiene cosas buenas y cosas malas. Las ciudades, paradisíacas o infernales, no están exentas de ello. 

No sabría decir si lo que les voy a contar me sucede solo a mi porque siempre pienso demás o si es una experiencia común para quienes han emigrado, pero lo cierto es que aunque mi ciudad y país actuales tienen cosas tan geniales que provoca explorarlos infinitamente, tienen un punto en contra: carecen de color. Y no digo esto como un pero, sino como el punto de partida de una reflexión.

Curiosamente, luego de salir de Venezuela comencé a caer en cuenta casi por casualidad de varias cosas, por ejemplo, hay maneras que tiene el cielo de ser oscuro que son sencillamente inexplicables para la imaginación de un Latinoamericano. Es algo que va mucho más allá de ese hecho incómodo de que en invierno la noche llegue a las cuatro de la tarde, se trata de una oscuridad que les juro nunca había visto, un cielo que pocas veces se ve estrellado y unos días que son grises, simplemente grises.

Del mismo modo que es casi imposible hacer que alguien que no ha vivido un invierno entienda a qué me refiero, también es bastante difícil que un europeo entienda a qué se refiere uno cuando habla de cosas como un atardecer en la playa (ya lo intenté y no hubo manera). Eso es casi tan complicado como explicarle a un niño de campo lo que es el mar ¿cómo le explica uno a alguien lo que es el mar? su olor, su sonido, su sensación, sus colores.

Ya lo sé, estoy divagando, pero son las 4:00 a.m. y tengo que sacar esto de mi sistema. Es sorprendente como la naturaleza y los estilos pueden variar tanto de un lugar a otro, aquí por ejemplo es muy común que la gente se vista de colores neutros y los abrigos de invierno los hacen ver más elegantes, aunque debajo parezcan unos mamarrachos (poniendo un ejemplo extremo), pero es poco usual ver gente vestida con ropa de colores vivos.

Esta sobriedad de colores también se repite en la naturaleza, por ejemplo, me he dado cuenta que desde que llegué aquí no he visto a un solo pajarito de colores, se los juro ¡ni uno! he visto pájaros negros, grises, blancos, marrones o con alguna combinación de esos colores, pero no he visto al primer pajarito amarillo como un canario o alguno semejante a un azulejo, ni que pensar de algo parecido a un turpial, un loro, una guacamaya o un cardenalito. 

La misma cosa sucede con otros escenarios, cuando el cielo aquí se pinta azul,
se pone de un azul bien bonito, aunque es un azul distinto al azul criollo. La verdad es que tampoco sé cómo explicarles esto, pero es así. He visto árboles que ni en primavera llegan a tener sus hojas completas, grama que nunca se pone completamente verde, matas que como que nunca echan flores de colores. Aunque ciertamente hay áreas verdes espaciosas y bonitas, de algún modo parecen menos coloridas que las nuestras. Seguro alguien que haya emigrado a Miami o Panamá, pensará que yo estoy loca, pero quizá alguno que se haya ido al viejo continente lo entenderá. 

Quizás por esa ironía que nunca hubiera imaginado posible antes de embarcarme en esta aventura, es que a mi ahora me parecen más vivos los colores de nuestro país. Antes de que empiecen, no es propaganda, ni añoranza, ni impertinencia, es un hecho. Quizás sea un poco de idealización, pero lo cierto es que un buen día me sorprendí cayendo en cuenta de que uno dice que las playas de Río Chico son feas, pero en realidad pasado el espacio de mar revuelto, el agua es bastante azul, es decir, la playas de la zona realmente no son feas, simplemente son menos bonitas y limpias que aquellas que normalmente acostumbramos. Yo siempre fui amante de la playa, así que nunca he dejado de extrañarla, pero ahora caigo en cuenta de lo azul que es el mar y comienzo a comprender el significado de ser caribeño y a qué se refiere la gente cuando hablan de paraísos tropicales - si nos olvidamos por un segundo de todo lo malo -, porque el asunto de los colores es un patrón repetido no solo con los pájaros y el mar, sino con las matas y otros elementos de la naturaleza, es por eso que ahora aprecio más esas memorias que me traen apamates, riqui-riquis, Araguaneys, matas de mango y los verdes del Ávila. 

Es como si el mundo fuera más policromático cuanto más cerca se está del Ecuador. Evidentemente yo estoy descubriendo América en un vaso de agua, porque si no, la gente que vive al norte no soñara con vacaciones en el Caribe. Y creo yo que esos colores tienen que formar parte de lo que uno es y afectar nuestro comportamiento del mismo modo en que lo hace el clima, porque uno experimenta tonalidades, vistas y sabores de los cuales otros no tienen idea, como el jugo de caña con su verdor y su dulzura o un atardecer de Juan Griego; algo que al intentar explicarlo sorprende tanto a un europeo como lo confunde a uno el tema de comer frutas por temporada o de las "berries", esos frutos que los alemanes salen al campo a recolectar y que viene en un montón de sabores distintos y de los cuales uno la verdad no es que tiene mucha idea. 

En definitiva, cada latitud tiene sus maravillas y sus carencias, casi como si se tratara de seres humanos en lugar de ubicaciones geográficas, pero puesta a reflexionar, del norte me quedo con la calidad de vida y del sur con sus colores. 

17 de diciembre de 2014

Aprender a pensar diferente

A veces quisiera que todos tuviéramos la oportunidad de emigrar aunque fuera solo por un año. Conocer otros países, otras costumbres, otra gente, es una oportunidad que cambia muchas cosas y que nos enseña a pensar diferente. Creo que fue Unamuno quien decía que "el fascismo se cura leyendo y los prejuicios se curan viajando" y vaya que tenía razón, por lo menos en lo segundo. 

Nuestro gentilicio está lleno de cosas maravillosas, como el cariño o la amabilidad, pero también de una cantidad de cosas que hoy en día veo como defectos. Hablo en este caso de nosotros, los venezolanos, porque es donde nací y lo que más conozco, es parte de lo que soy y lo que he sido. Nosotros que sufrimos comúnmente de un engreimiento feroz y una soberbia terrible. El venezolano suele creer que es el único que tiene la razón en todo, que "se las sabe todas", por ende es difícil aprender, porque no nos vemos en un espejo y reflexionamos sobre nosotros mismos, y eso es lo que el extranjero te enseña: a mirarte a ti mismo en un mundo real y lejos de tu zona de confort. 

Desde que salí de Venezuela una de las primeras cosas que noté y que al principio se me hacían un tanto incómodas era la falta de títulos, usted es fulanito de tal a secas, aquí nadie es doctor (ni de verdad, ni de mentira, ni con doctorado, ni sin él), profesor, jefe, consultor, director, a veces ni siquiera señor. Entonces cuando te toca referirte a un profesor de la universidad o a tu jefe solo con la desnudez de su nombre tu te sientes desubicado, sientes que hay algo en la estructura de poder que se perdió y se te hace complicado explicar la existencia de ese pedestal invisible, como el de los profesores que dan clases sobre un escalón y su invariable reafirmación de autoridad: yo soy el profesor y sé más que tú, sí más que tú, el que nunca le pone un 20 a nadie porque solo Dios es perfecto ¿quien no escuchó alguna vez a algún profesor decir la segunda parte?

Salir del país es encontrarte en la inmensidad del mundo y darte cuenta de la patria es un conuco con cerca de alambres en medio de un hato inmenso en el que se dan muchas siembras distintas. En esa vastedad hay de todo, gente de todos colores, de todos orígenes, de costumbres variopintas, de religiones que uno ni sabe que existen, hay países en donde se come el seco con cucharilla, en donde tocarle la cabeza a otra persona es un símbolo de irrespeto, hay países en los que en el mismo vagón del metro viajan el negro, el blanco, el judío, el musulmán, la negra africana con su traje de colores extravagantes, el homosexual con su pareja, la tipa que va llena de tatuajes y piercings, sin que ninguno voltee a mirar al otro con desprecio o a hacer un chiste que lo ridiculice. En donde el travesti te sirve el café y si lo miras mal el del problema eres tú. Eso es mundo, mucho mundo que hay más allá del Mar Caribe y en esa inmensidad, tú y yo somos un par de granos de arena.

Crecimos con la absurda idea de que tenemos las mujeres más bellas de mundo, las playas más bellas del mundo, uno de los países más ricos del mundo y tantos otros "más bellos y mejores". Cuando de política se trata, todos sin distinción usamos frases como "para que el mundo se entere" "el mundo sabe". Lamento ser portadora de malas noticias, pero el mundo más allá de Latinoamérica no tiene mucha idea de que hay un país que se llama Venezuela. Les juro que no quiero ser pedante, pero la verdad es que más o menos el 80% de las personas que he conocido, no saben que el país existe, no saben que tiene petróleo, mucho menos tienen idea de su situación política y si saben que Venezuela existe, en la mayoría de los casos no saben ni donde queda -usted podrá llamarlos ignorantes, pero la verdad es que esos ignorantes son mayoría-, entonces te sueltan frases como ¿eso es en África?, ahh sí eso queda por Asia ¿no?. Como comentábamos varios amigos, más de una vez nos ha tocado recurrir al recurso del vecino: ¿sabes dónde queda Brasil? - Sí, en Suramérica ¿y sabes dónde queda Colombia? -Sí, en Suramérica, bueno, en el medio hay un país que se llama Venezuela, de ahí vengo yo. 

Ese es un ejercicio que convierte tu ego en un colador y hace que se te espiche rapidito, y que a mí particularmente, me hace pensar qué habría pasado con nosotros si en lugar de pasar tanto tiempo mirando hacia el norte y preocupándonos por los demás, hubiésemos invertido ese tiempo en mirarnos a nosotros mismos y en construirnos a partir de nuestra propia historia. 

Por otra parte, con el ego desinflado e insertándote en una sociedad distinta, aprendes a adaptarte y a ver el mundo de otra manera. Aprendes que una mujer puede ser perfectamente valorada aunque no ande con las uñas perfectamente pintadas y no amanezca en la oficina vestida como una miss. Aprendes que lo que hace el vecino no es problema tuyo, ni problema del vecino lo que hagas tú, es más, al vecino, al pana, al compañero de trabajo, le interesa muy poco lo que haces, cuáles son tus hábitos, cuántos hermanos tienes, con quien te acuestas. Ese tipo de cosas hacen que te vuelvas más callado, que como decía ayer un amigo "aprendas a medir lo que dices", uno se da cuenta que compartimos demás y con detalles cosas de nuestras vidas con los demás, a veces sin querer puede hacer un comentario pasado de tono o inapropiado porque en nuestro país somos así y no nos damos cuenta de la seriedad con la que otros toman sus situaciones. Resulta que así como uno siente que hay quien llega a opinar de lo nuestro sin saber, la verdad es que muchas veces uno opina de los asuntos de los demás sin saber. Cada país con sus realidades. 

He entendido una cosa más, no creo que el que llegó a Venezuela con una mano adelante y otra atrás sea mejor, más inteligente o más trabajador que el venezolano, es más, no creo que el venezolano sea flojo. Comprendí que hay una ley simple: el emigrante tiende a destacarse porque al estar lejos de lo suyo, sin familia, sin plata y sin apoyo, sólo tiene una opción: trabajar muy duro. Porque como emigrante dejaste todo atrás, el vive en el país donde nació, ya tiene su lugar propio y sus derechos y sus comodidades, tú eres un recién nacido sin mamá y eso puede hacer que te destaques más. Entonces no eres mejor, ni peor, simplemente eres emigrante con todo lo que eso conlleva, incluyendo esforzarte el doble. 

La verdad es que durante el tiempo que llevo afuera no he dejado de aprender y de sorprenderme. Les contaré una anécdota: hace unos días me invitaron a un almuerzo navideño de trabajo y resultó que "los mesoneros" eran los gerentes de todos los departamentos, ellos sirviéndole la comida al pasante, el trago a la señora que limpia, recogiéndole el plato al empleado. Pasó una hora en la que yo me sentía como pajarito en grama, saqué -como me dijeron ayer- el sombrero de cogollo y las alpargatas, y le ofrecí ayuda a mi gerente, porque en mi cabeza criolla no cabía muy bien la idea de que tu jefe tenga un gesto de servicio contigo, pero mi ayuda fue rechazada porque "esto es un homenaje al trabajo del equipo que labora aquí". Y entonces recordé que desde que llegué aquí no he vuelto a escuchar frases como "por órdenes de..", "porque yo lo digo"; esos sonidos que hoy se me hacen tan lejanos, fueron reemplazados por "¿qué proponen ustedes?" "¿qué les parece sí?", "un manager está para apoyar al equipo, no para darle instrucciones". Pero más que escucharlas, las hacen realidad, la verdad es que nunca más alguien me dio una orden y si sienten que son superiores e infalibles porque tienen cargos mayores al mío, nunca lo han dicho en voz alta o demostrado con sus acciones. 

Esta anécdota me hizo pensar además que nosotros somos como una constante cadena de mando, en la cual uno tiene que demostrar ser el macho alfa de la camada, 24 horas al día los 7 días a la semana, yo jamás vi a un gerente servirle un trago a alguien ni siquiera por cortesía en una fiesta, yo nunca escuché que a alguien se le consultara algo. Es como si aquello de "la letra con sangre entra" se nos hubiese quedando instalado en el alma para siempre y en un contexto mucho más amplio que la cultura, y yo no creo que eso sea bueno para un país, porque entonces vivimos en una constante lucha no solo por tener el poder, sino por ejercerlo y ejercerlo de ese modo que implica de algún modo disminuir al otro, como en una constante cadena de violencia psicológica, de la ley del más arrecho, que es peor que la supervivencia del más apto. 

En fin, ojalá que pudiéramos viajar y conocer y aprender, salir de las cuatro paredes que nos rodean y entender que el mundo es inmenso, que hay muchas maneras de entenderse, que aceptar las diferencias es una forma de respeto que inicia el diálogo, que hay diversas maneras de pensar y ninguna de ellas es menos válida. Creo que si todos pudiéramos salir del país aunque fuera por un año, nos empezaríamos a curar de las faltas de respeto, de la violencia verbal, de la necesidad de ser más que los demás, de la "estatutitis"; pero lo más importante, si todos pudiéramos viajar nos darían un baño de agua fría diaria que nos obligara a ser más humildes y con ello más tolerantes, y ese mi gente, puede ser un principio que de paso al verdadero respeto y reconocimiento del otro, en todas sus dimensiones. Creo que entonces podríamos ser un país mejor.