8 de junio de 2016

Una carta para Diana D'Agostino

Ayer tuve el desagrado de ver la entrevista donde la señora Diana D'Agostino, entre otras cosas dijo "... el gobierno está mal acostumbrado a que sus mujeres estén desarregladas, estén sucias, anden, tú sabes, sin maquillaje. No mira, las venezolanas no somos así...".

Si es verdad, Venezuela es un país con fama de tener mujeres bellas. Pero también es cierto que el fenómeno Miss Venezuela ha impregnado tanto nuestra sociedad que define muchos de nuestros patrones de comportamiento (no siempre positivos). Tal como recordé al escucharla hablar. 

Cuando estaba en preescolar, hubo una época en que mis compañeritos de clases me apodaban "pelota negra", porque era cachetona y morenita. Ese episodio se quedó impregnado en mi memoria y según recuerdo, ya a tan corta edad me generaba cierta angustia. 

Luego fui creciendo y mientras lo hacía me daba cuenta que en cierta forma era diferente a mis amiguitas, porque nunca fui lo que usted pueda llamar femenina. Siempre fui de cuerpo grueso, en parte por herencia familiar y en parte debido a los años de natación. No se puede tener espalda de hombre y ser sexy a la vez. El maquillaje lo descubrí como a los 23 años, los tacones no se me daban, la plancha y el secador llegaron a mi vida luego de los 28 años, porque al tener el cabello liso nunca me pareció necesario someterlo a tales maltratos. Además, siempre tuve una afición por la comodidad ¿para qué andar con falditas si los jeans son tan cómodos?

Como usted comprenderá, en una sociedad en la que la mayoría de la gente piensa como usted, el arte de la conquista tampoco fue mi fuerte. Precisamente porque los prospectos románticos andaban buscando siempre mujeres de esas "arregladitas". Mi absoluta falta de interés por la belleza, tuvo como consecuencia que en múltiples oportunidades los comentarios me hicieran sentir fea. Cuando estaba en la universidad, descubrí que había quienes a mis espaldas me llamaban "el man", porque según ellos yo era machorra. Cuando pesaba 55 kilos, ya la gente comenzaba a decirme con mucha frecuencia que hiciera dieta, que me veía gorda, que me cuidara ¿a quién en su sano juicio se le ocurre que una joven que pese 55 kilos pueda estar gorda? Esto sucede por el ideario colectivo de la belleza desproporcionada. 

Más adelante y ya en mi edad adulta, los episodios se hicieron más frecuentes. Así que tuve un jefe que con cierta frecuencia y hasta en tono de cariño, me decía "usted se está poniendo más gordita, debería adelgazar". ¿Qué le da el derecho a un completo extraño a decirle eso a alguien? Tuve compañeras de trabajo que llegaron a pasar horas tratando de convencerme de los beneficios de tener las tarjetas de crédito al tope de su límite, a cambio de tratamientos de belleza, maquillajes caros y ropa sexy. Nunca lo entendí, no me explico qué tiene de bueno endeudarse para ser bella. 

He visto quinceañeras pedir de regalo que les hagan las tetas, he visto a mujeres absolutamente hermosas sentirse gordas y feas. Y he leído con asombro (y hasta vergüenza, artículos en los cuales se reseña que Venezuela es un país en el que los maniquíes tienen medidas desproporcionadas ¿sabía usted eso? Se producen muñecos de estos con medidas únicas para nuestro país, porque se hacen más curvos, con más cadera, más senos y extremadamente delgados. 

La verdad es que también me vi a mi misma incontables veces frente al espejo, sintiéndome fea, sintiéndome gorda. Es inevitable que eso suceda cuando la gente te lo dice o te lo hace sentir. La verdad es que ser sencilla tenía su ventaja, cuando estaba en la universidad y llegaba a la playa o a una rumba, bien "producida", todas las miradas se posaban en mi y siempre alguien me echaba los perros, o la misma gente que antes me consideraba gordita, me veía hasta con admiración. Porque bueno, vivimos en una sociedad que pone a las mujeres en una vitrina para ser exhibidas y les otorga valor cuanto más arregladas sean. Ahora pienso en retrospectiva y la verdad es que era delgada y bonita, y no me explico como llegué a dejar que terceros me hicieran sentir tan mal conmigo misma.

Me tomo muchos años reconciliarme con mi imagen en el espejo, ser capaz de desnudarme y decirme "estás bella así". Ese proceso de aceptación se aceleró cuando me descubrí a mi misma en un ambiente muy distinto, en el cual paradójicamente era común que me dijeran que era la personificación de una "latina caliente". Pero a veces quedan rastros y a uno se le sale algún comentario, imagínese mi grata sorpresa cuando un día almorzando con alguien con quien salía, dije: Estoy gorda. Y por respuesta me dijo: Mira, quiero que escuches una canción que se llama 'All about that bass' y cada vez que pienses que estás gorda recuerdes que cada centímetro tuyo es perfecto. Así me siento yo cuando te veo.


En esa misma época, descubrí sorprendida que la gente me consideraba una mujer femenina y arreglada, con un estilo ligero y cómodo. 

Poco a poco fui desarrollando más personalidad y cada vez fui un poco menos retraída, entendí que (entre otras cosas por tendencia familiar) nunca iba a llegar a encajar en el estereotipo de la mujer buenota, y tampoco quiero hacerlo. En cambio, exploto otras virtudes, como la simpatía y la inteligencia. Las cuales no sólo me han ganado más afectos, sino también mejores. 

¿Por qué le cuento esto? Porque gracias a personas como usted que valoran la belleza por encima de otras cosas, hay muchas mujeres comunes y corrientes que sufren a diario una violencia terrible e inevitablemente terminan violentándose ellas mismas. Su entrevista me recordó al documental de Las Muertes Chiquitas, en el cual una mujer dice: "¿Cuidarme de los hombres? Si de quien me he tenido que cuidar toda mi pinche vida ha sido de las mujeres".

Mire, yo no le voy a negar que quizás sea cierto que el gobierno promueve la imagen de las mujeres desarregladas. Y tampoco voy a juzgar si ésto es bueno o malo. Lo que sí es cierto es que decirle a otras mujeres sucias y desarregladas es un acto de violencia y de clasismo, y eso es algo que debemos comenzar a entender y cambiar. 

Pero hay aquí temas de fondo más importantes, hay una violencia aún más profunda: la descalificación. Si usted hubiese dicho quizás que muchas de las mujeres que trabajan en el gobierno han fracasado en sus labores por implementar políticas inadecuadas, yo no le estaría escribiendo esta carta. ¿Pero por qué tiene que medir el éxito de una funcionaria o de una ciudadana por su belleza?

Ciertamente, nadie debería ir al trabajo sin estar vestido apropiadamente. Eso es un tema de etiqueta. Pero estar vestido apropiadamente, no tiene por qué significar maquillaje y tacones. Su comentario me recordó la famosa imagen de Ángela Merkel frente a Cristina Kirchner, que tantas burlas generó, porque la primera se vestía apropiadamente, pero sencilla y sin maquillaje, mientras que la otra parecía una drag queen (por decirlo de alguna manera).

En fin, yo pienso honestamente que ante una crisis tan grande como la que se vive en Venezuela, es necesario que comencemos a darle valor a las cosas por lo que tienen. Que las críticas hacia el otro sean fundamentadas y dejen de ser esos ejercicios absurdos de descalificación y desprecio hacia el otro que nada bueno nos han traído. 

Pienso también que ante semejante crisis, una figura pública como usted, debería preocuparse más de hablar acerca de planes de gobierno o cómo construir un futuro mejor, en lugar de hablar de patrones de belleza. 

Al final de esta carta sólo puedo felicitarla por dos cosas: 

Primero, porque logró hacerle el juego al gobierno, desviando un poco la atención (incluyendo la mía) de la crisis humanitaria que se vive en el país.


Y segundo: Porque se consiguió un marido que le dio todo lo que tiene. Por lo que asumo que es usted una mujer florero y que esto la llena de orgullo y de alegría, cosa que no me atrevo a criticarle porque ha sido su elección de vida, y si es feliz así, pues perfecto; pero le pido encarecidamente, que no reproduzca esos patrones.

El país más que mujeres bellas, necesita más mujeres inteligentes, echadas para adelante y trabajadoras y menos niñas pidiendo tetas o matándose de hambre para ser tomadas en cuenta. 

¡Con tanta crisis, cualquier ayuda es buena!


4 de agosto de 2015

Me gustas

¡Me gustas!
Porque tu nombre es una escalera incierta llena de incógnitas amarillas,
porque no se llama tristeza a la luz instalada en tu mirada,
porque no hay aliento de lágrima en tus párpados salados.
Así como la flor ama a su rocío,
y el mar desnuda al sol en el amanecer.
Así como todas las cosas simples que suceden porque sí,
...simplemente, me gustas.
Yo no llamo por tu nombre al sueño de mi mañana oscura,
ni repliego las armas por temor a perder la guerra,
hay un amor que lucha, hay un amor vencido,
y hay un amor que aunque trates de asesinarlo, perdura.
¡Me gustas!
Cuando la cal baña la piel de tu rostro que se disfraza de melancolía,
cuando tu cuerpo sangra desde una navaja herida que lleva mi nombre,
cuando eres valiente para hacer girar al mundo
y cuando te finges débil para hacerme creer que me necesitas.
Nunca supe de qué se alimentaba tu silencio,
cuánta intranquilidad había en tu mirada paciente,
nunca sabré si tus besos son los mismos míos,
o si tus sueños me inscriben en tu futuro.
Soy infinitamente ignorante de tus secretos,
eres el misterio ambulante de un huracán que arrastra la arena de mi desierto.
¡Me gustas!
Aunque tu intranquilidad se instalara en mi alma,
porque no hay límites para el amor que llena de desespero,
porque impacientas mi calma, porque te vistes de deseo.
No podría la luna ser una dama, pero tú eres una constelación entera.
Te vistes de rosas nacaradas, de aliento sostenido,
brindas la manzana del pecado y redimes en tu perdón,
amaneces en el viento y el goteo de mis profundos silencios.
¡Me gustas!
Porque eres el principio de un mundo que acaba cada vez que te pierdo.

Lycette

31 de mayo de 2015

¡Adiós gordito! Una carta para mi perro


Llegaste a la casa después de largas discusiones: yo quería un perro, mi mamá insistía en que sólo aceptaría a una chihuahua, yo le decía que esos perritos me parecían feos y ella  insistía en que después de tener uno de esa raza me enamoraría. 

Se acercaba mi cumpleaños número 18 y llegué a la tienda a preguntar si tenían chihuahuas hembritas, el chamo de la tienda me dijo que no, pero que tenía una camada y que si los quería ver, abrió esa jaula maravillosa de la que salieron ustedes. Tus hermanitos se dispersaron, pero tú caminaste hacia a mi decidido y te me echaste en los pies, yo te cargué, tú me lamiste la nariz impregnándome con tu aliento de cachorro y lloraste mientras te metías en mi cuello. Mi mamá quería una hembra, y yo sentencié: "ay mami míralo, está llorando para que me lo lleve a la casa" y mi mamá no pudo decir que no. Esa frase fue motivo de chistes durante años, porque nunca dejaste de ser llorón. Ese día comenzó nuestra historia. 

Naciste en San Cristóbal, así que a veces te échabamos broma y te decíamos que seguro eras un colombiano reencauchado. Llegaste a la casa como una pulga flaquita y mal cuidada, pero te bañamos y te pusimos bonito. Tuviste varios nombres que no te convencieron, hasta que te dijimos "Romeo" y prestaste atención, hasta el nombre terminaste escogiéndolo tú. 

Los primeros días, mi mamá giró instrucciones expresas: el perro no duerme en la cama y mientras se acostumbra a orinar en el periódico, se queda en su casita en el baño. Pero tú llorabas y a mi me daba dolor, además a las horas ya te quería como si tuviéramos toda la vida juntos. Entonces yo esperaba a que mi mamá se durmiera, te buscaba y te montaba en mi cama, te acurrucabas en mi cuello y yo, casi como las mujeres recién paridas, me paraba cada dos horas a llevarte al periódico para que no te orinaras la cama, porque ahí nos hubiesen descubierto. Yo me sentaba como un zombie en la poceta, mientras tú hacías cualquier cosa menos pipí, y yo te insistía "vamos a hacer pipí en el periódico", hasta que te convencías y podíamos volver a dormir. Esa lucha duró como un mes, luego de eso, ya eras el dueño y señor de las camas y nuestros corazones. 

Yo soy hija única y para ese entonces era más que tímida, pero tú y yo nos hicimos panas rapidito, te metía en un morral y te cargaba de zarcillo, al poco tiempo ya ibas conmigo a la universidad casi todos los viernes, corrías por la grama y te quedabas tranquilito en clase. Pronto te ganaste el afecto de todos y aquella profesora bonachona pasaba lista y preguntaba por tí, si no estabas presente, preguntaba qué había pasado. Te llegó a tener tanto afecto, que fuiste el invitado especial de la parrilla de fin de año, y corriste libre por el aeropuerto de La Carlota, también comiste carne hasta que te cansaste ese día. 

Una amiga tenía un jardín con rosales y para tí eso era como un estadio de fútbol, cada vez que te llevaba a su casa corrías con una alegría y agilidad inusitadas, con tus 20cm de tamaño, brincabas por encima de las flores, te revolcabas en la grama. ¡Eras un adolescente feliz! Mi mamá te enseñaba con amor y te ponía reglas, mientras yo te malcriaba en demasía, pero aprendiste a respetarme. Conocías mi silbido y el sonido de mis palmas, y yo sabía que podía dejarte correr sin correa porque a cualquiera de esos dos sonidos volverías de inmediato. 

Eras un cazador en miniatura, más de un tuqueque te comiste, mi mamá descubrió que te gustaban las mariposas y te mal acostumbró, si alguna estaba en el techo, tú se la pedías y ella la atrapaba para tí. A veces por maldad te decía "Mira la mariposa" y tú te quedabas mirando con carita de engañado. A mi nadie me dijo que el chocolate era dañino para los perros y cuanto chocolate comía lo compartí contigo ¿te acuerdas mi amor cómo me ponía el pirulín en la boca y cada uno comía por un extremo? yo me acuerdo de tu carita cuando esa palabra se pronunciaba en la casa ¡te volvías loco!

Eras un perro inteligente como pocos, pero nunca quisiste dar la pata. Sin embargo, te gustaba que te cargara y te bailara al ritmo de un merengue en la sala. Aprendiste a hacerte el dormido cuando mi mamá te cargaba como un bebé y te decía "duérmete mi bebé". Aprendiste a contar y si yo te decía, dame tres besos, esa era exactamente la cantidad de lamidas que recibía. Fuiste tan inteligente que en el último año entendiste que si te daba incontinencia en la noche, podías orinar en el centro de cama. Hasta aprendiste a fingirte paralítico si te regañábamos, por esas cosas hubo quien decía que seguramente leías el periódico antes de orinarte en él.

Mi abuela y tú fueron un asunto particular: A ella no le gustaban los perros, pero le encantabas tú, a tí te caía muy bien todo el mundo, menos ella. Entonces ella te chantajeaba con queso y otras cosas, tú te montabas en su cama, le comías la comida y te bajabas. Pero fuiste tan especial, que cuando ella se murió, tú te montaste en su cama y comenzaste a aullar, cinco minutos después recibimos la llamada de la clínica. En la familia tenías muchos detractores, pero conquistaste corazones cuando te vieron secándole las lágrimas a mi mamá. 

Cuando tuviste tu encuentro amoroso con la mamá de Julieta, yo estaba en Morrocoy, mi mamá te dejó en esa casa una noche y apenas te buscó, te bañó. Tú te enfureciste con ella y no la querías tratar, decía mi abuela que era porque te habían quitado el gustico. De aquel encuentro nos regalaste a esa miniatura malhumorada y dulce que eres tú, pero más joven y más pequeña. 

Siempre fuiste pícaro y ladrón, cuando mi mamá llegaba del trabajo ponía la cartera en la cama y tú te metías completico adentro, si ella te dejaba le sacabas todo lo que estuviera ahí, aunque fuera más grande que tú. Y si nos traía chocolate eras el primero en darte cuenta. Eras tan ladrón que te metías en bolsos, gavetas, closets, donde fuera. Nunca olvidaré como el día antes de mi viaje de graduación te robaste mi cartera y yo pasé desesperada un par de horas, pensando que me había quedado sin cédula y sin tarjetas, hasta que miré en tu casa y ahí estaba. Por esas cosas mi abuela decía que eras un hampón. Chico ¿y cómo no considerarte ladrón si una vez con una agilidad increíble le robaste a un tío una chuleta de chivo de la parrilla que tenía montada? En ese mismo viaje, un perro grande se le acercó a Julieta y tú te metiste en el medio, echándola para atrás, como calmándola y también para defenderla. 

Eras un tipo pana y amigable, no ladrabas ni para defender tus juguetes, siempre estabas de buenas, hasta que te pusiste viejo. Mis amigos decían que seguramente eras marihuanero, todo el mundo te quería por simpaticón y salido, pero cuando me operaron el brazo te pasaste un montón de días en mi cama sin muchas ganas de que nadie se acercara a ella. Estudiamos derecho juntos ¿te acuerdas? te echabas al ladito mío con el ocico en mis guías, mientras yo me desvelaba, y cuando pasaba mucho tiempo sin prestarte atención, me mordías el resaltador y yo te decía que me ibas a hacer rayar la materia. Cuando estaba por graduarme, no faltó el compañero que dijo que teníamos que mandarte a hacer tu toga y birrete, porque tú también eras abogado. 

Tenías una obsesión con mi pijama y mi ropa sucia, lo que yo me quitara, era para ti una cama lista para ser ocupada. Y tenía yo que pelear contigo: gordo dame el lado de la cama, gordo dame la almohada, gordo dame la pijama, gordo quítate de la camisa que la tengo que meter en la ropa sucia. Perdóname la sinceridad, pero también eras un acosador ¿sabes? te juro que nunca pensé escaparme por el inodoro de la ducha, no había necesidad de que me montaras guardia en la alfombra, ni de que me asomaras la cabeza a ver si seguía ahí. Me perseguías como una sombra, y en las noches yo te hablaba y tú me mirabas. Yo te fastidiaba, te mordía, jugaba contigo a tu nivel, nunca necesitamos de palabras y relaciones de poder, nosotros éramos un par de compinches que nos amábamos y respetábamos mutuamente. Nos entendíamos, si hacías algo mal yo te miraba y ya tú sabías, si me pasaba algo tú me acompañabas. Desarrollamos una sincronía tal que dormíamos en la misma posición y siempre con nuestros cuerpos juntos ¡eras mi costillita pues!

Tenías una paciencia envidiable, siempre te portabas bien cuando salías comigo, las veces que te llevé a la playa te revolcabas en la arena y te encantaba meterte al mar conmigo, jugábamos a saltar las olas y tú cuando ellas venían cerrabas los ojitos, pero cuando se iban me lamías. Yo creía que te asustabas y te dejaba afuera, pero entonces llorabas para que te metiera. Cuando Julieta crecía, te fastidiaba y te fastidiaba, incansablemente, te robaba los espacios, los juguetes, te regañaba ¡y tú tranquilazo como si fueras un Buda! Creo que la llegada de Otelo fue un alivio para tí, porque entre ellos se entendían y tú comenzaste a verlos desde la distancia, como diciendo: al fin puedo envejecer en paz. 

Con los años, te pusiste antipático con mi mamá. Y lo que son las paradojas de la vida papi, ella fue quien te acompañó hasta el final, y tú de antipático le torcías los ojos, le tirabas a morder cuando dormíamos juntos y ella te quería sacar de la cama. Y yo tanto que te pedí que te portaras bien, que me la cuidaras, pero como todo viejo te fuiste poniendo mañoso y caprichoso ¡siempre hiciste lo que te dio la gana! Ella te hacía morisquetas y tú te molestabas, todavía me río pensando en eso ¿es que acaso sabías que las morisquetas eran una forma de burla? Ella te ofrecía café porque sabía que no te gustaba, pero eso sí, el día que se partió una de sus botellas de whisky saliste desesperado a lamerla del piso. Tan maluco que te pusiste con ella que te enseñó a llevar cosas de un lado para otro -como cuando nos mandábamos cajas de cigarros del cuarto a la sala-, que te llevaba al periódico los sábados por la mañana para que no me despertaras y yo me pusiera de mal humor, ella que te decía "anda a despertar a la Lyce". Ella que te cuidó tanto, por tí y por mi. 

El día que me fui del país te despediste de mí con aullidos, no hubo manera de que la misma frase de siempre, ese "vete para tu casa que me voy a trabajar" te convenciera de quedarte quieto, llorabas y te me pegabas, te negabas a dejarme ir, como quien sabe que ese era un viaje largo. Cuando volví de vacaciones, la última vez que te ví, te metiste a registrarme la maleta mientras lloriqueabas, hoy estaba viendo ese video y me daba tanto sentimiento. En ese viaje, fuiste más pegostico que nunca, ya no podía ni dejarte en la cama para ir al baño porque te desesperabas. Yo salí del país hace dos años, pero no pasé un sólo día sin recordarte, ni una sola noche sin extrañarte antes de ir a dormir.

En fin, fuiste el mejor amigo que he tenido en mi vida, nos acoplamos en una dinámica que era solo nuestra, fuimos panas, compinches, fuiste mi confidente, mi compañero, me cuidaste, nos hiciste reír, nos hiciste molestar ¡Como tú no hay dos negrito lindo! Como tú no hay dos. Llegaste como un terremotico, ágil y tremendo, pero increíblemente dócil y leal, te fui viendo ponerte blanco con los años, perder facultades, cuando dejaste de bajar las escaleras solito, volvimos a los primeros años, sólo que esta vez, tú llorabas a media noche y a mi me tocaba bajarte hasta el periódico, yo me dormía en la escalera, mientras tú pacientemente hacías todo menos pipí, hasta que yo me molestaba y ahí sí orinabas rapidito ¡siempre fuiste una cosa seria! ¡mi cosa seria!

Esta debe ser la carta más larga que yo le haya escrito a alguien en mi vida, pero te mereces mucho más que eso. Fueron 13 años viejito, eso es casi la mitad de mi vida, pasarán los años y siempre te recordaré como el tipo más pana que haya conocido y sobre todo, como el perro más leal que haya tenido. Descansa en paz, disfruta el cielo de los perros, come lo que quieras y haz lo que te provoque, porque te lo mereces. Espérame gordito, que cuando me llegue la hora te voy a silbar como antes y nos reuniremos de nuevo. De mi cumpleaños 18 a mi cumpleaños 31, te doy las gracias por cada segundo que me regalaste. Mi mamá, Otelo, Julieta y yo te queremos. 

Y no te olvides papito que "uno es responsable para siempre de aquello que ha domesticado". Tú de mí y yo de tí, y aunque la gente piense otra cosa, aquí la domesticada soy yo. 

¡Te amaré siempre!

Tu humana, 
La Lyce


11 de mayo de 2015

Es esto

Es esto,
amar hasta la noche que se instaló en tu mirada cuando oscureció,
ser un insecto invisible que cuenta con pasos la distancia que lleva de tu pubis a tu cuello,
morder tu muslo generoso, enredadera que envuelve mi espalda en el lecho,
acostarme en tu palma y besar las líneas de tu destino maltrecho,
llamarte en la ignorancia de tu espalda que desconoce este momento,
bañarme en la miel de tus ojos que endulzan como el mejor caramelo,
morirme en la sed de mi cama que te quiere esconder en este silencio,
penetrar tus cavernas, empaparme de tu humedad sempiterna,
besar el destello de luz que emana de tu ombligo diminuto, quemando como el hielo,
reflejarme desnuda en tu sonrisa de nácar, collar de piedras perladas,
morirme en la hendidura que atraviesa tu espalda y recorre mi deseo,
acariciar tu boca que se abre lentamente como una flor, cuando se entrega al beso,
retozar en tu cuerpo moribundo que va en retroceso para que la primavera muera, dejando paso al invierno,
deslastrarme de las armas que encierra tu pelo, la red que se cierne en mi alma, hebra a hebra,
colorearme un arcoiris en el momento de caer por tus cejas,
retozar en tu viente que dará a luz el estupor de una sensualidad insatisfecha,
ahogar tu gemido en el mar salado que habrá de parir tu orgasmo cuando menos lo esperas.
Algo más, fallecer ante el cementerio de tu corazón silencioso, al que no alcanza el lenguaje de mis señas.

Lycette Scott

24 de abril de 2015

Liebster Awards: ¡Todos somos ganadores!


Del Calor al Frío tuvo el lindo gesto de nominarme a los Liebster Awards, hace años que no sabía lo que era eso de los Blogs Awards que en algún momento fueron muy divertidos y hasta pseudo-famosos. Les confieso que me emocionó recibir el mensaje diciéndome que me habían nominado y sonreí un ratico, así que gracias muchachos 

Sin mayores parsimonias, paso a materia para contarles de qué va esto. Las normas son las siguientes:

  • Agradecer la nominación
  • Colocar el sticker del premio en mi blog 
  • Nominar blogs que se merezcan este premio y avisarles que han sido nominados.
  • Hacerles 11 nuevas preguntas.
  • Responder las 11 preguntas que me dejaron Karla y Fer en su nominación: Aquí vamos...
  1. ¿Cuál ha sido tu artículo más difícil de escribir? Es una pregunta bastante difícil considerando que mi blog cumplió recientemente diez años ¡wow! de no ser por este post no me doy cuenta. En una década es mucho lo que se escribe y lo que se madura (mejor no me lean mucho hacia al pasado), pero si tuviera que escoger uno de épocas recientes, sin duda alguna sería A un año de mi partida. Me costó tanto que lo tuve durante un mes dándome vueltas en la cabeza ¿qué decir? ¿qué omitir? ¿cómo hacerlo amigable? Al final salió un pergamino con el que me sentí bastante satisfecha. 
  2. ¿Dónde encuentras inspiración? En la cotidianidad, puede ser que algún día me anime a escribir un poema y lo publico, pero en general son cosas del día a día, experiencias y vivencias. En los últimos años, me he inspirado más en cosas que me hacen reflexionar y que escribo para sacar de mi sistema.
  3. Una lección que hayas aprendido con tu blog: Escribir es una forma de relacionarse.
  4. El tema que más te apasiona: No puedo escribir uno solo, diría que la política, pero no escribo solo de eso, así como no escribo solo de amor, por ejemplo. Me tranzo con la experiencia de vivir. 
  5. Una cualidad que todo blogger debe tener: Escribir con cariño. Creo que un buen bloguero no es el que escribe a diario para mantener un alto número de visitas, sino aquel que lo hace con cariño. El post bien pensado y bien sentido, se conecta más con la gente, y aunque quizás haya un número menor de lectores, se propicia el debate, el feedback, la conexión. Puede ser que de menos frutos en términos numéricos, pero también pueden ser mejores en su sabrosura. 
  6. ¿Algún artículo que nunca publicaste? Varios, a veces tienes una idea en mente y entre una cosa y otra nunca la escribes, otras veces hay algo que quieres "exorcizar" y luego decides quedarte callado.
  7. Una manía para bloguear: Mi cama y una ventana. Tengo esa manía, suelo escribir mis posts en la cama, usualmente de madrugada o justo al levantarme, si el tema es complejo, escribo un par de frases y miro por la ventana, medito y sigo. 
  8. Si pudieras escribir otro blog ¿cuál temática tendría? Probablemente sería un blog con temas más serios y bien organizado, no esta especie de diario que voy llevando. Me gustaría hablar del medio ambiente, sustentabilidad, lugares para conocer y deportes al aire libre. 
  9. ¿A quién invitarías a escribir en tu blog? A Naky por su tino para escribir relatos y a Oswaldo por su suavidad. 
  10. La característica que hace único a tu blog: No soy muy buena en eso de echarme flores, pero diría que es escribir lo que siento. En un par de ocasiones alguien me ha dicho que le hecho llorar y, aunque no sea algo bueno, me hace sentir que al menos transmito algo. 
  11. Algo que te gustaría mejorar o agregar en tu blog: Me gustaría volver a escribir semanalmente, de una forma más estructurada y menos subjetiva, pero uno siempre deja todo para después y nunca parece haber suficiente tiempo. Creo que con los años he mejorado, pero me falta técnica. 


Mis nominados son:
Yo les pregunto:
  1. ¿Cómo nació tu blog?
  2. ¿Por qué escribir?
  3. ¿Qué representa el blog para tí?
  4. ¿Hay algo que tu blog te haya dejado fuera del mundo 2.0?
  5. ¿Sientes que tu blog ha evolucionado contigo?
  6. ¿Tienes alguna especie de ritual para escribir?
  7. ¿Escribes para que te lean o escribes para tí mism@?
  8. ¿Sientes que tu blog tiene influencia para promover que la gente reflexione algunos asuntos?
  9. ¿Dónde crees que radica el éxito de un blog?
  10. Mirando hacia atrás ¿cambiarías algo de lo escrito?
  11. ¿Hay algún tema que tengas pendiente para escribir?

24 de marzo de 2015

Colores

El Caribe y sus colores, Venezuela y sus paletas, Caracas y sus tonalidades. ¿Una manera extraña de empezar un post? un asunto difícil de describir. Hace un tiempo comentaba acerca de los colores de Caracas y un conocido lo vio con malos ojos, porque asumió que yo le hacía promoción a la ciudad como si de un paraíso se tratara, quizás él pensaba que yo estaba haciendo una publicidad engañosa por no hablar en esa oportunidad del "infierno" que es la ciudad.

Vamos al grano, Caracas es ... Caracas. Todos le conocemos sus males y si uno ha salido del país es precisamente porque se los conoce a fondo, pero ¿nos impide eso recordar que también hay cosas buenas? Yo no creo que la vida venga en blanco y negro, todo tiene cosas buenas y cosas malas. Las ciudades, paradisíacas o infernales, no están exentas de ello. 

No sabría decir si lo que les voy a contar me sucede solo a mi porque siempre pienso demás o si es una experiencia común para quienes han emigrado, pero lo cierto es que aunque mi ciudad y país actuales tienen cosas tan geniales que provoca explorarlos infinitamente, tienen un punto en contra: carecen de color. Y no digo esto como un pero, sino como el punto de partida de una reflexión.

Curiosamente, luego de salir de Venezuela comencé a caer en cuenta casi por casualidad de varias cosas, por ejemplo, hay maneras que tiene el cielo de ser oscuro que son sencillamente inexplicables para la imaginación de un Latinoamericano. Es algo que va mucho más allá de ese hecho incómodo de que en invierno la noche llegue a las cuatro de la tarde, se trata de una oscuridad que les juro nunca había visto, un cielo que pocas veces se ve estrellado y unos días que son grises, simplemente grises.

Del mismo modo que es casi imposible hacer que alguien que no ha vivido un invierno entienda a qué me refiero, también es bastante difícil que un europeo entienda a qué se refiere uno cuando habla de cosas como un atardecer en la playa (ya lo intenté y no hubo manera). Eso es casi tan complicado como explicarle a un niño de campo lo que es el mar ¿cómo le explica uno a alguien lo que es el mar? su olor, su sonido, su sensación, sus colores.

Ya lo sé, estoy divagando, pero son las 4:00 a.m. y tengo que sacar esto de mi sistema. Es sorprendente como la naturaleza y los estilos pueden variar tanto de un lugar a otro, aquí por ejemplo es muy común que la gente se vista de colores neutros y los abrigos de invierno los hacen ver más elegantes, aunque debajo parezcan unos mamarrachos (poniendo un ejemplo extremo), pero es poco usual ver gente vestida con ropa de colores vivos.

Esta sobriedad de colores también se repite en la naturaleza, por ejemplo, me he dado cuenta que desde que llegué aquí no he visto a un solo pajarito de colores, se los juro ¡ni uno! he visto pájaros negros, grises, blancos, marrones o con alguna combinación de esos colores, pero no he visto al primer pajarito amarillo como un canario o alguno semejante a un azulejo, ni que pensar de algo parecido a un turpial, un loro, una guacamaya o un cardenalito. 

La misma cosa sucede con otros escenarios, cuando el cielo aquí se pinta azul,
se pone de un azul bien bonito, aunque es un azul distinto al azul criollo. La verdad es que tampoco sé cómo explicarles esto, pero es así. He visto árboles que ni en primavera llegan a tener sus hojas completas, grama que nunca se pone completamente verde, matas que como que nunca echan flores de colores. Aunque ciertamente hay áreas verdes espaciosas y bonitas, de algún modo parecen menos coloridas que las nuestras. Seguro alguien que haya emigrado a Miami o Panamá, pensará que yo estoy loca, pero quizá alguno que se haya ido al viejo continente lo entenderá. 

Quizás por esa ironía que nunca hubiera imaginado posible antes de embarcarme en esta aventura, es que a mi ahora me parecen más vivos los colores de nuestro país. Antes de que empiecen, no es propaganda, ni añoranza, ni impertinencia, es un hecho. Quizás sea un poco de idealización, pero lo cierto es que un buen día me sorprendí cayendo en cuenta de que uno dice que las playas de Río Chico son feas, pero en realidad pasado el espacio de mar revuelto, el agua es bastante azul, es decir, la playas de la zona realmente no son feas, simplemente son menos bonitas y limpias que aquellas que normalmente acostumbramos. Yo siempre fui amante de la playa, así que nunca he dejado de extrañarla, pero ahora caigo en cuenta de lo azul que es el mar y comienzo a comprender el significado de ser caribeño y a qué se refiere la gente cuando hablan de paraísos tropicales - si nos olvidamos por un segundo de todo lo malo -, porque el asunto de los colores es un patrón repetido no solo con los pájaros y el mar, sino con las matas y otros elementos de la naturaleza, es por eso que ahora aprecio más esas memorias que me traen apamates, riqui-riquis, Araguaneys, matas de mango y los verdes del Ávila. 

Es como si el mundo fuera más policromático cuanto más cerca se está del Ecuador. Evidentemente yo estoy descubriendo América en un vaso de agua, porque si no, la gente que vive al norte no soñara con vacaciones en el Caribe. Y creo yo que esos colores tienen que formar parte de lo que uno es y afectar nuestro comportamiento del mismo modo en que lo hace el clima, porque uno experimenta tonalidades, vistas y sabores de los cuales otros no tienen idea, como el jugo de caña con su verdor y su dulzura o un atardecer de Juan Griego; algo que al intentar explicarlo sorprende tanto a un europeo como lo confunde a uno el tema de comer frutas por temporada o de las "berries", esos frutos que los alemanes salen al campo a recolectar y que viene en un montón de sabores distintos y de los cuales uno la verdad no es que tiene mucha idea. 

En definitiva, cada latitud tiene sus maravillas y sus carencias, casi como si se tratara de seres humanos en lugar de ubicaciones geográficas, pero puesta a reflexionar, del norte me quedo con la calidad de vida y del sur con sus colores.