17 de diciembre de 2014

Aprender a pensar diferente

A veces quisiera que todos tuviéramos la oportunidad de emigrar aunque fuera solo por un año. Conocer otros países, otras costumbres, otra gente, es una oportunidad que cambia muchas cosas y que nos enseña a pensar diferente. Creo que fue Unamuno quien decía que "el fascismo se cura leyendo y los prejuicios se curan viajando" y vaya que tenía razón, por lo menos en lo segundo. 

Nuestro gentilicio está lleno de cosas maravillosas, como el cariño o la amabilidad, pero también de una cantidad de cosas que hoy en día veo como defectos. Hablo en este caso de nosotros, los venezolanos, porque es donde nací y lo que más conozco, es parte de lo que soy y lo que he sido. Nosotros que sufrimos comúnmente de un engreimiento feroz y una soberbia terrible. El venezolano suele creer que es el único que tiene la razón en todo, que "se las sabe todas", por ende es difícil aprender, porque no nos vemos en un espejo y reflexionamos sobre nosotros mismos, y eso es lo que el extranjero te enseña: a mirarte a ti mismo en un mundo real y lejos de tu zona de confort. 

Desde que salí de Venezuela una de las primeras cosas que noté y que al principio se me hacían un tanto incómodas era la falta de títulos, usted es fulanito de tal a secas, aquí nadie es doctor (ni de verdad, ni de mentira, ni con doctorado, ni sin él), profesor, jefe, consultor, director, a veces ni siquiera señor. Entonces cuando te toca referirte a un profesor de la universidad o a tu jefe solo con la desnudez de su nombre tu te sientes desubicado, sientes que hay algo en la estructura de poder que se perdió y se te hace complicado explicar la existencia de ese pedestal invisible, como el de los profesores que dan clases sobre un escalón y su invariable reafirmación de autoridad: yo soy el profesor y sé más que tú, sí más que tú, el que nunca le pone un 20 a nadie porque solo Dios es perfecto ¿quien no escuchó alguna vez a algún profesor decir la segunda parte?

Salir del país es encontrarte en la inmensidad del mundo y darte cuenta de la patria es un conuco con cerca de alambres en medio de un hato inmenso en el que se dan muchas siembras distintas. En esa vastedad hay de todo, gente de todos colores, de todos orígenes, de costumbres variopintas, de religiones que uno ni sabe que existen, hay países en donde se come el seco con cucharilla, en donde tocarle la cabeza a otra persona es un símbolo de irrespeto, hay países en los que en el mismo vagón del metro viajan el negro, el blanco, el judío, el musulmán, la negra africana con su traje de colores extravagantes, el homosexual con su pareja, la tipa que va llena de tatuajes y piercings, sin que ninguno voltee a mirar al otro con desprecio o a hacer un chiste que lo ridiculice. En donde el travesti te sirve el café y si lo miras mal el del problema eres tú. Eso es mundo, mucho mundo que hay más allá del Mar Caribe y en esa inmensidad, tú y yo somos un par de granos de arena.

Crecimos con la absurda idea de que tenemos las mujeres más bellas de mundo, las playas más bellas del mundo, uno de los países más ricos del mundo y tantos otros "más bellos y mejores". Cuando de política se trata, todos sin distinción usamos frases como "para que el mundo se entere" "el mundo sabe". Lamento ser portadora de malas noticias, pero el mundo más allá de Latinoamérica no tiene mucha idea de que hay un país que se llama Venezuela. Les juro que no quiero ser pedante, pero la verdad es que más o menos el 80% de las personas que he conocido, no saben que el país existe, no saben que tiene petróleo, mucho menos tienen idea de su situación política y si saben que Venezuela existe, en la mayoría de los casos no saben ni donde queda -usted podrá llamarlos ignorantes, pero la verdad es que esos ignorantes son mayoría-, entonces te sueltan frases como ¿eso es en África?, ahh sí eso queda por Asia ¿no?. Como comentábamos varios amigos, más de una vez nos ha tocado recurrir al recurso del vecino: ¿sabes dónde queda Brasil? - Sí, en Suramérica ¿y sabes dónde queda Colombia? -Sí, en Suramérica, bueno, en el medio hay un país que se llama Venezuela, de ahí vengo yo. 

Ese es un ejercicio que convierte tu ego en un colador y hace que se te espiche rapidito, y que a mí particularmente, me hace pensar qué habría pasado con nosotros si en lugar de pasar tanto tiempo mirando hacia el norte y preocupándonos por los demás, hubiésemos invertido ese tiempo en mirarnos a nosotros mismos y en construirnos a partir de nuestra propia historia. 

Por otra parte, con el ego desinflado e insertándote en una sociedad distinta, aprendes a adaptarte y a ver el mundo de otra manera. Aprendes que una mujer puede ser perfectamente valorada aunque no ande con las uñas perfectamente pintadas y no amanezca en la oficina vestida como una miss. Aprendes que lo que hace el vecino no es problema tuyo, ni problema del vecino lo que hagas tú, es más, al vecino, al pana, al compañero de trabajo, le interesa muy poco lo que haces, cuáles son tus hábitos, cuántos hermanos tienes, con quien te acuestas. Ese tipo de cosas hacen que te vuelvas más callado, que como decía ayer un amigo "aprendas a medir lo que dices", uno se da cuenta que compartimos demás y con detalles cosas de nuestras vidas con los demás, a veces sin querer puede hacer un comentario pasado de tono o inapropiado porque en nuestro país somos así y no nos damos cuenta de la seriedad con la que otros toman sus situaciones. Resulta que así como uno siente que hay quien llega a opinar de lo nuestro sin saber, la verdad es que muchas veces uno opina de los asuntos de los demás sin saber. Cada país con sus realidades. 

He entendido una cosa más, no creo que el que llegó a Venezuela con una mano adelante y otra atrás sea mejor, más inteligente o más trabajador que el venezolano, es más, no creo que el venezolano sea flojo. Comprendí que hay una ley simple: el emigrante tiende a destacarse porque al estar lejos de lo suyo, sin familia, sin plata y sin apoyo, sólo tiene una opción: trabajar muy duro. Porque como emigrante dejaste todo atrás, el vive en el país donde nació, ya tiene su lugar propio y sus derechos y sus comodidades, tú eres un recién nacido sin mamá y eso puede hacer que te destaques más. Entonces no eres mejor, ni peor, simplemente eres emigrante con todo lo que eso conlleva, incluyendo esforzarte el doble. 

La verdad es que durante el tiempo que llevo afuera no he dejado de aprender y de sorprenderme. Les contaré una anécdota: hace unos días me invitaron a un almuerzo navideño de trabajo y resultó que "los mesoneros" eran los gerentes de todos los departamentos, ellos sirviéndole la comida al pasante, el trago a la señora que limpia, recogiéndole el plato al empleado. Pasó una hora en la que yo me sentía como pajarito en grama, saqué -como me dijeron ayer- el sombrero de cogollo y las alpargatas, y le ofrecí ayuda a mi gerente, porque en mi cabeza criolla no cabía muy bien la idea de que tu jefe tenga un gesto de servicio contigo, pero mi ayuda fue rechazada porque "esto es un homenaje al trabajo del equipo que labora aquí". Y entonces recordé que desde que llegué aquí no he vuelto a escuchar frases como "por órdenes de..", "porque yo lo digo"; esos sonidos que hoy se me hacen tan lejanos, fueron reemplazados por "¿qué proponen ustedes?" "¿qué les parece sí?", "un manager está para apoyar al equipo, no para darle instrucciones". Pero más que escucharlas, las hacen realidad, la verdad es que nunca más alguien me dio una orden y si sienten que son superiores e infalibles porque tienen cargos mayores al mío, nunca lo han dicho en voz alta o demostrado con sus acciones. 

Esta anécdota me hizo pensar además que nosotros somos como una constante cadena de mando, en la cual uno tiene que demostrar ser el macho alfa de la camada, 24 horas al día los 7 días a la semana, yo jamás vi a un gerente servirle un trago a alguien ni siquiera por cortesía en una fiesta, yo nunca escuché que a alguien se le consultara algo. Es como si aquello de "la letra con sangre entra" se nos hubiese quedando instalado en el alma para siempre y en un contexto mucho más amplio que la cultura, y yo no creo que eso sea bueno para un país, porque entonces vivimos en una constante lucha no solo por tener el poder, sino por ejercerlo y ejercerlo de ese modo que implica de algún modo disminuir al otro, como en una constante cadena de violencia psicológica, de la ley del más arrecho, que es peor que la supervivencia del más apto. 

En fin, ojalá que pudiéramos viajar y conocer y aprender, salir de las cuatro paredes que nos rodean y entender que el mundo es inmenso, que hay muchas maneras de entenderse, que aceptar las diferencias es una forma de respeto que inicia el diálogo, que hay diversas maneras de pensar y ninguna de ellas es menos válida. Creo que si todos pudiéramos salir del país aunque fuera por un año, nos empezaríamos a curar de las faltas de respeto, de la violencia verbal, de la necesidad de ser más que los demás, de la "estatutitis"; pero lo más importante, si todos pudiéramos viajar nos darían un baño de agua fría diaria que nos obligara a ser más humildes y con ello más tolerantes, y ese mi gente, puede ser un principio que de paso al verdadero respeto y reconocimiento del otro, en todas sus dimensiones. Creo que entonces podríamos ser un país mejor. 

3 comentarios:

Jesús Saavedra dijo...

Tenía año sin leerte!!! el googleplus me llevó a tu post.

Me gusta lo que publicaste aquí. Creo que tiene que ver con sentido comúnesto que escribes.

Cordial saludo!

Oswaldo Aiffil dijo...

Yo certifico este post en su totalidad. Y no es que afuera vamos a aprender. No. Lo que vamos es a enterarnos de que existen realidades distintas a la nuestra. Que son así. Que han sido así. Y que tienen muchas cosas que enseñarnos. Y que de ello aprendemos a valorar otras cosas que nosotros tenemos y ellos no tienen, pero que en nuestro propio país no las valoramos lo suficiente. Pasan por debajo de la mesa. El intercambio definitivamente nos hace crecer como seres humanos. Gracias Liz. Te quiero un mundo.

aluqui dijo...

Se puede decir mal alto pero no màs claro!! Esta cabeza señores y señoras..se logra viajando, aprendiendo, mirando hacia dentro para poder mirar luego hacia afuera, sintiendo, confrontando, leyendo, y sobretodo intentando mirar mas allà de las cosas. Saludos Negra!

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